Cuentos sobre el bien y el mal: capítulo I

     “Dios vio que la luz era buena, y separó Dios la luz de las tinieblas”.

     Dios creó el día y la noche, creó un ciclo de rotación para que la Tierra tuviera Día y Noche. Separó el cielo de la tierra creando un espacio para separar el agua de los cielos. Creó el sol, la luna y las estrellas. Creó a los animales, y al hombre. Según Génesis 1:20-23 la vida siempre va a producir vida mientras Dios diga.

     Dios creó la luz, la bondad, el cielo. Sin embargo, no existiría una cosa sin su opuesta por lo que a su vez se crearon la oscuridad, la maldad y el infierno. La oscuridad cobijó a la maldad, y esta aprovechó su ventaja para asesinar. Los delitos trajeron castigos, los castigos ennegrecieron los corazones de aquellas personas encargadas de ejecutar a los delincuentes condenados. La población era llamada a las plazas para ver las ejecuciones, su almas se nublaban, se oscurecían. La poca luz que quedaba en sus corazones huía aterrada de la oscuridad. Lo que ella no sabía es que mientras hubiera luz, la oscuridad nunca se expandiría. Sin embargo sus almas se oscurecieron, y Dios quedó renegado y fue sustituido por diversos Dioses que permitían el pecado. La raza humana se abandonó al pecado, consumiendo sus almas, regocijándose en los placeres del sexo y de la comida. La gula, la lujuria, la codicia, la pereza, la ira, la envidia y la soberbia se convirtieron en dioses alabados por el ser humano. Hombres y mujeres se olvidaron del prójimo, de sus propios hijos, de sus padres. Hombres y mujeres ocuparon las plazas complaciendo a los dioses de la lujuria, de la pereza, de la gula. Hombres y mujeres que se envidiaban los unos a los otros, y cuya soberbia los llevaba a la ira, y esta a la muerte. Muchos se daban cuenta de lo vacías que estaban sus vidas, y volvía a ellos ese atisbo de luz que había desaparecido. Estos, debido al repentino atisbo de realidad, se suicidaban al darse cuenta de las atrocidades que habían cometido durante su obnubilada existencia, y descendían, al infierno. Y Dios desapareció. Dios abandonó el paraíso donde esperaba a todas las almas que morían y merecían ascender. Dios abandonó después de pasar toda una eternidad esperando a que algún alma mereciera ascender, pero ninguna lo hizo. Los hijos que morían sin haber cometido pecado no subirían al cielo ya que acarreaban sobre sus espaldas el pecado original de Adán y Eva, que sólo se elimina tras el bautizo. Sin embargo, sus padres estaban tan ocupados pecando que olvidaron que sus hijos acarreaban tal pecado. Dios abandonó al ser humano. Abandonó toda creación que tanto le había costado.

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