Sal, — por la puerta de atrás.

Por aquellos que deciden salir a hurtadillas en vez de afrontar las situaciones. ¡Hurra por ellos!

19 – Julio – 2017

Tienes un rollo con alguien, os estáis conociendo, sois novios, amigovios, follamigos,…lo que sea, ¿alguna vez te ha pasado que esa persona desaparece de la noche a la mañana de tu vida y que cuando intentas contactar con él y saber qué ha podido pasarle te bloquea de whatsapp y te borra de Facebook? Supongo que a todas nos ha pasado alguna vez, a mi me acaba de pasar.

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Conocí a este chico de una forma bastante romántica, he de decir. Un fin de semana me fui con mi madre a hacer barranquismo por mi cumpleaños, por cierto, sabes lo que es barranquismo, ¿no? Te lo explico en unas cuantas palabras. Barranquismo es bajar un barranco escalando rocas, yendo por el cauce de un río, haciendo rapel, saltando a pozas, nadando, etc. Total, queríamos hacer algo juntas por mi cumple y decidimos hacer algo que nos llenara de experiencias y energía. La excursión estaba yendo genial, hasta que llegó el momento del primer salto. Paisaje maravilloso, aguas transparentes, 5 metros de salto. Subir fue sencillo dentro de lo que cabe, hasta que llegamos a la cima. Allí todos animados, un ambiente distendido,…hasta que me tocó saltar. Me puse allí, pensé en saltar y no pude. No pude. Mi cuerpo no era capaz de lanzarse al agua. Lo sentía como un vacío infinito, todos mis miedos estaban allí  abajo y yo estaba en mi zona de confort. Salté, sí, pero gracias al monitor que me animó con un tono relajado y dulce, me hizo sentir capaz y llenó de  positividad. Una vez en el agua la sensación de haber superado un reto complejo fue extrema, pero me quedé pensando en el monitor y en cómo me hizo sentir, sentí que quería seguir conociendo a esa persona que había hecho que mis miedos quedaran a un lado y saltara al vacío.

La expedición terminó, nos fuimos cada uno a su casa y yo, como no, me quedé dudando ensimismada…¿cómo puedo encontrar a este chico? ¿le pregunto a su jefe? No, eso sería demasiado perturbador. Entonces decidí mirar los posts que tenía la empresa de aventuras compartidos y vi que un chico con el mismo nombre que el monitor había compartido uno, lo agregué…me costó muchísimo, pero lo hice. Esperé a que me hablara, y lo hizo.  Se alegró muchísimo de que lo hubiese buscado y me dijo que él también quería hacerlo pero no sabía cómo. Hablamos durante mucho rato y decidimos quedar pronto para que la realidad no se distorsionara a través del chat. Ese día fue maravilloso, yo lo sentí, él lo sintió, y nos besamos. Los siguientes días fueron maravillosos, ¡me encantaba!

Era súper guay estar con una persona a la que le encanta la aventura, los deportes, la vida sana; alguien que comparte gustos cinéfilos, música,…Era estupendo hablar con alguien que te entiende y abrazar a alguien que siente tus abrazos. Pero toda historia tiene un pero y, como buena historia, allá va el pero. No todo lo que brilla es oro, y no todo lo que te dicen es verdad. Puedes ir por el mundo poniendo en duda todo lo que te dicen, pero yo abogo por confiar en las personas y si es mentira ya saldrá. Y salió. La mentira, salió. Él y yo nos parecíamos en muchas cosas, pero – y este es el pero – no todas ellas eran verdad.

Habíamos estado quedando durante unas semanas y siempre habíamos estado en la calle o bien paseando o tomando algo, … Las quedadas eran bastante gratificantes porque hacíamos cosas comunes entre el resto de los mortales que se sentían como extraordinarias. Aunque durante un par de semanas todo fue relativamente como la seda, he de decir que hubo un momento – en el día 2 – en el que puede que me extralimitase cohibiéndolo un poco pidiéndole por favor que no usara apelativos amoroso-románticos conmigo…todavía. Puede que se sintiera mal, pero yo no quería ir rápido – ya se sabe que lo que empieza rápido… — aunque igual no debí frenar esa necesidad suya (según mi psicóloga favorita).

Todos enfermamos, animales, plantas, humanos,…los seres vivos en general tienden a enfermar y nunca sabes cuándo te puede tocar; solo puedes cuidarte lo mejor posible. Él enfermó. Estuvo enfermo un viernes, un sábado, un domingo,…el lunes ya se encontraba mejor pero decidimos quedar el miércoles. Volvió a enfermar,…migraña. Migrañas provocadas por el aumento de la temperatura exterior ahora en verano que el sol incide sobre el planeta con una inclinación de no sé cuántos grados que puede resultar virulenta y provocar muchos golpes de calor, pobre. Durante estos días, — de enfermedad, — no quise escribirle mucho porque empaticé con su dolor y pensé que mejor escribirle con mesura, para que pudiera recuperarse sin complicaciones. Pero él tampoco me escribió, y así hasta el miércoles. Pasamos de “con tres pelucas” a “calvo” de la noche a la mañana. Un día me estaba llamando vida, amor; otro día me pedía permiso para darme los buenos días cada mañana, y a la semana siguiente…tchan, tchan,…¡dejamos de hablar! Jueves, trabajó, viernes…más de lo mismo.

Me empezó a resultar patético el hecho de ir detrás de alguien que ya no iba detrás de mi pero que aún no me lo ha dicho, así que decidí preguntarle: “chico, cómo vas? Últimamente no estamos hablando mucho, pasa algo? Me da la impresión que ya no quieres seguir quedando, es así?” Respuesta: “Nooo, es que es querer y no poder…”. “Querer y no poder”, y yo como confío en la gente, me lo creí. Siguió con el mismo rollo y decidí escribirle, esta vez menos diplomática: “No sé qué pasa últimamente pero tú no estás en lo que estás. Has pasado de querer quedar conmigo y hablarme todo el rato a nada. De ahí que piense que mejor dejamos de quedar. A ver si hablamos.” Después de ese mensaje no obtuve respuesta alguna…pero yo, mujer incansable, incesante, intensa, impetuosa e impulsiva, seguí escribiéndole. He de decir que no fui demasiado insistente, igual escribí un mensaje al día para saber qué había pasado y qué había provocado esa reacción tan agresivo-pasiva suya. Pero, — aquí va el segundo gran pero de esta historia – NO hubo respuesta. Bueno, sí, un día, el domingo, cuando ante mi petición de mantener una conversación y hablar sobre lo ocurrido (¿ocurrió algo?) me contestó: “sisi”. ¿Sisi emperatriz o sí sí ya hablamos? No, nein, non, não. Él se refería, y traduzco: “una mierda que te comes”. Y después de eso me bloqueó de whatsapp, borró de Facebook y ¡borró cassétte!

Ahora te preguntarás, ¿y por qué tanto alboroto? Te lo explico desde el punto de vista de mi psicóloga favorita. El cuerpo humano no admite el vacío. El vacío produce reacciones negativas en nuestro cuerpo (prueba a meter aire en tus venas y verás). Psicológicamente ocurre lo mismo. El cerebro necesita rellenar todos los vacíos que queden, y el mío intentó rellenar los vacíos que dejó el monitor. Y ahora me dirás, ¿qué vacíos si solo estuvisteis tres semanas? Los vacíos a los que me refiero se llaman “porqués”, me faltaba un gran número de porqués que me hacían imposible borrar cassette. Este chico no era el amor de mi vida y lo supe desde el día 3. Mi instinto me decía, a través de la apreciación física (i.e. empecé a apreciar como su nivel de belleza decaía) que había algo en él que no encajaba, y no encajó. Y doy gracias por haberme dado cuenta en la semana 3 y no en el año 3, habría sido una abrumadora pérdida de tiempo.  Sin embargo, esto no lo ha sido porque he aprendido mucho de mi y de mi forma de ser. Después de pasar una semana obsesionada pegada al teléfono para ver si me había contestado alguno de los mensajes, cosa que no hizo, y de convertirme en monotema en cada conversación que emprendía con mis amigos, decidí acudir a mi Rosa, mi mejor psicóloga. Ella me ordenó un poco los pensamientos y me dio esa parte teórica, que solo puede darte un experto, que me ayudó a ver las cosas con claridad y ser capaz de resumir esta historia por escrito.

Descubrí que la puerta de atrás es usada por personas miedosas faltas de valor que no saben gestionar sus emociones ni las situaciones que les rodean, me descubrí un poquito a más a mi misma y descubrí que el dicho “mejor sola que mal acompañada” no es solo un dicho sino un hecho.

Autora: Isabel Camarero Ortiz

 

 

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